viernes 12 de marzo de 2010

Estados del cuerpo


I

Todo empezó no como una pregunta, ni como una afirmación, en todo caso, (en este caso) como una certeza. Desconocido, tanto como una lógica orgánica que se constituía y se justificaba por el hecho de existir. Y ahí estábamos los dos, sabiendo que no podríamos permitirnos el uno al otro. ¿O era yo mismo el que no me permitía ser? Me desdoblo en dos, me multiplico para intentar ver lo que realmente soy y lo que no. Pero estas parado frete a mi, mirándome de lejos, y yo sintiendo que no dejas nada oculto, ¿qué será eso que miras y que no puedo ni siquiera intuir? ¿Por qué estas? A veces he querido confundirme, inventar que no hay nada además de lo que yo mismo creo. Pero son ya muchos momentos en que te encuentro, en que me respiras dejándome volátil, casi impalpable. En esa forma es cuando más certeza tengo de mi existencia. Me recuesto de nuevo, dudando si en algún momento estuve de pie, o en algún otro lugar. Me inmovilizo para no existir. Pero existo porque me estas mirando y te reclamo con mi estaticidad. Pocos días después seguimos los dos, pero no hablas ni me incluyes. De espaldas. Puedo mirarte más, porque me atrevo, porque estas vulnerable y siento que somos más equivalentes, o menos complementarios. Por fin siento un poco de independencia. El tiempo suficiente para comenzar a pensar. Cierro los ojos, los abro, los cierro de nuevo, ¿hay alguna diferencia en ese acto inútil de ocultar y mostrar, de dejarse e invadir? Te acercas un poco y sé que no hay lucha, nada por ganar cuando todo esta perdido. Tal vez lo único que tenemos es este instante, este estado, esto que somos y que no puede ser alterado porque no existe.

II

Te fuiste. La única manera de tener esa certeza es pensarte. Vuelvo a la cama, me recuesto. Nada. Todo es efectivo.

III

Son varios días de nuevo, los mismos. Tal vez sólo un día, justo el que necesito para ser. Comienzo de nuevo porque todo se esta acabando. Las partes más duras de mi cuerpo externo, mis uñas, cabellos y dientes, están extrañamente blandos, casi acuosos. Quisiera un poco de tangibilidad para evitar salir y estar al tiempo que me voy. Me permito abandonarme como única manera de permanecer. Qué duro instante. Aún así lo extiendo lo más posible, debe de ser bueno poder dejar de ser esto que soy para poder ser en realidad más yo. Me siento más pared, más sábana, más aire. Todo eso que me encierra, que me acota, que evita que me desborde, y por lo tanto, me contiene. Quiero egoísta o lastimeramente que aparezcas.

IV

Es inútil. No te fuiste. Apareces (¿reapareces?), pero me ahogas más, me respiras más, es un jadeo, o un cansancio animal. Te paro con un golpe. Mierda, comencé a llorar de nuevo. Te pones a mis espaldas y me hablas. Tengo un poco de miedo de saberte. No entiendo. Ese murmullo de desahuciado me imposibilita a moverme, ni siquiera quiero pensar en algo para no dejar de percibirte, finalmente esto es lo que eres. Un pre-muerto que allana una vida, la mía sólo. Entonces, ¿eres tan yo que solo así te permites quedarte? No quiero ser más yo ni que seas más tú.

V

Creo que me has tocado. Es tan extraño el evento que dudo por no tener antecedente que lo describa, ni siquiera un recuerdo. Estoy de nuevo en la cama y creo que hasta hacemos el amor porque te vacías dentro de mí. Me llenas. Dejas tan poco espacio entre lo que soy yo y lo que me es ajeno que casi siento que me matas. A cada momento más tranquilo, parece que finalmente comprendo algo, no lo que dices ni lo que eres. Sé que soy yo, aunque no pueda describirlo. Somos.

viernes 1 de enero de 2010

martes 22 de septiembre de 2009

Sobre los Hilos Rotos


J: cortó un hilo

A: cortó un hilo

B: cortó un hilo

G: corto un hilo




jueves 23 de julio de 2009

martes 7 de julio de 2009

viernes 22 de mayo de 2009

Sobre el Killer


Hace tiempo alguien contó algo sobre una estrella, hizo reir a muchas personas. Esta vez él no contó, hizo algo que sólo es comparable a la sensación de entrar a comprar a una enorme tienda llena de máscaras.